RUTA 66

                            RUTA 66                           29/JUL/2010

 

          Buenos días oyentes de esRadio Pulso Tenerife,

 

          Ayer hubimos de madrugar un poco más de lo habitual ya que teníamos el propósito, en el camino hacia el Estado de California, de conocer y adentrarnos en el Parque Nacional Joshua Tree. Nos separaban poco más de 200 millas, algo más de 3 horas de carretera. Atrás dejamos Phoenix y el estado de Arizona.

 

          El nombre de este Parque Nacional de más de 3,000 kilómetros cuadrados se debe a una especie de cactus (la Yucca brevifolia) endémica de esta zona desértica que incluye parte del desierto de Colorado al N y del de Mojave al S y que es atravesado al SO por las Montañas de San Bernardino. Aparte ciertas curiosidades botánicas, del parque destaca su concepción geológica. Al estar enmarcado entre dos zonas desérticas y recibir el embate de los vientos oceánicos procedentes del Pacífico, la erosión es muy acusada. En el Parque pueden observarse formaciones rocosas de escasa altura que han ido adquiriendo formas redondeadas por tal motivo. Afortunadamente pudimos disfrutar de una hermosa vista panorámica desde Keys View ante la ausencia del habitual hongo de polución que se forma sobre el área de influencia de la ciudad californiana de Los Ángeles y que los vientos, en no pocas ocasiones, desplazan hacia el interior.

 

          La siguiente etapa nos condujo hasta la ciudad de Palm Springs, a 50 millas de distancia. Esta ciudad es popularmente conocida como “The Playground of the Stars” (el patio de juegos de las estrellas) y está ubicada a los pies del Pico San Jacinto, de poco más de 3,000 metros de altitud, en el desierto del Valle Coachella. Aquí la intervención humana ha sido importante, llegando a convertir la zona en una alfombra verde jalonada por decenas de campos de golf, que puede perfectamente observarse desde la cima del San Jacinto que es accesible a través del teleférico que, en poco más de ocho minutos, nos conduce desde el Valle hasta una altitud de casi 2,800 metros, recorriendo a nuestros pies un hermoso paisaje. Bueno, la vista, el ascenso en teleférico y un buen almuerzo en la cumbre han merecido mucho la pena.

 

          Tan pronto como descendimos nos encaminamos al Bosque Nacional de san Bernardino. Se trata de otra enorme extensión (unos 3,200 kilómetros cuadrados), pero esta vez cubierta de masa arbórea en la que abundan las coníferas. Recuerdo haber leído en uno de los paneles informativos decenas de variedades de pinos y abetos. Aunque lo que verdaderamente impone es ver personal del servicio de vigilancia de bosques norteamericano por donde quiera que se transite, especialmente en el período estival. Sin embargo, la belleza del enclave, la limpieza que se observa y el abanico de actividades que se ofrecen al visitante son dignas de destacarse. No cabe duda de que esto es América.

 

          Poco a poco va cayendo la tarde y nos aprestamos a recorrer las últimas millas de nuestra etapa de hoy que nos conducen a la ciudad de San Bernardino.

 

          Esta ciudad se erigió en 1810, lo cual la convierten en una de las más antiguas del estado de California y es famosa por sus fuentes, de hecho gran parte de la ciudad se asienta sobre un gran lago subterráneo. Aquí, en San Bernardino, se respira la atmósfera californiana. La ciudad bulle de actividad. Al S de la misma, a lo largo de Hospitality Lane, abundan los restaurantes, cafeterías y zonas comerciales situadas en las proximidades del río Santa Ana.

Aquí tuvo lugar la apertura del primer restaurante McDonald’s, actualmente convertido en museo de la RUTA 66. Otro museo que despierta el interés y la curiosidad es el dedicado a la Historia del ff.cc., no en vano esta ciudad fue un importante nudo de comunicaciones ferroviarias hacia el E.

 

          Llegada la hora del descanso hemos optado por acomodarnos en un establecimiento con historia: el Arrowhead Springs Hotel & Spa, situado justo al pie del monumento geológico de igual denominación que se eleva sobre el Valle de San Bernardino.

 

          Y para amenizar este lugar con encanto, nada mejor que despedirme hoy con los acordes de “Hotel California”, de The Eagles. No sé si se compuso ambientada en este establecimiento, pero podía haberlo sido perfectamente.

 

          Buenos días.

 

          Carlos Abreu

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Publicado el 29 Jul 2010 por Redaccion
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