LA SERETA DE TILO

LA SERETA DE TILO                                                14/JUL/2010

 

Buenos días oyentes de esRadio Pulso Tenerife,

 

Hoy nos habremos despertados con el anuncio de la ingente cantidad que la Banca española adeuda al Banco Central Europeo (BCE): € 126,300 M. La cifra convertida a antiguas pesetas asusta.

Sin embargo, y al margen de ello, la creación del euro como moneda única para la mayoría de los países de la Unión Europea supuso uno de los más relevantes hechos históricos en el campo de la economía política. Desde su creación como unidad de cuenta, en 1999, y posteriormente su uso como medio liberatorio de pago en manos de los particulares, desde 2002, ha venido acompañado de unos años de desarrollo económico, bajos tipos de interés y elevada inversión. Sin embargo, ahora no parece estar el euro en sus mejores momentos. Actualmente se manifiesta una crisis económica y financiera, desvalorización del euro y se están tomando medidas para reducir el déficit público y el montante de la deuda emitida en casi todos los países europeos. En los primeros seis meses del año 2010 ha habido una elevada especulación y ataques desestabilizadores a la moneda única europea. Al menos eso es lo que dicen las autoridades europeas.

El presidente de turno de la Unión Europea durante la primera mitad del 2010, José Luis Rodríguez Zapatero (el Bambi del país de los conejos), tuvo que explicar y defender las medidas económicas coyunturales que se han ido tomando durante su Presidencia de la Unión Europea. Esta defensa la realizó en el Parlamento Europeo de Estrasburgo el pasado día 6 de julio de 2010. Sin dejar al margen cuestiones coyunturales que justifican lo anterior, me atrevo a decir que en el irregular funcionamiento del euro también hay cuestiones estructurales que conviene saber y que son difíciles de hacerlas desaparecer, aunque las medidas del Sistema Europeo de Bancos Centrales compartido, dirigido por el Banco Central Europeo, sean totalmente correctas. Existe una teoría de las áreas monetarias óptimas que dice que las zonas que tengan homogeneidad económica pueden facilitar el uso de una moneda común que haría aumentar el comercio entre ellas, los movimientos de los factores productivos, del capital y la estabilidad del tipo de cambio de la moneda fijada. Pero, ¿qué ocurre en la Unión Monetaria Europea?  Pues sencillamente que hay poca homogeneidad entre los países del Norte y del Sur europeo. Sus diferencias son culturales, lingüísticas, de estructura económica, de nivel de riqueza, sociales, e incluso legislativas de cada Estado. Un ejemplo: mientras los países del Norte suelen fijar salarios según productividad, los del Sur los fijan en base a la capacidad de compra, lo que supone un permanente diferencial de competitividad. El Norte es exportador y el Sur importador. Incluso la moneda única puede generar la tentación de reivindicaciones salariales igualitarias entre los países que componen la Unión Monetaria y cuyas capacidades de adquisición y en términos de renta ‘per cápita’ son muy distintas. También ocurre que la fiscalidad es diferente y que no hay ajustes automáticos para los casos de desviación de los planes de estabilidad y crecimiento cuando un Estado no los cumpla. Por eso afirmo que tenemos un "euro asimétrico".

La asimetría no es buena. Y sus consecuencias tampoco. Después de más de diez años de funcionamiento el euro se encuentra en una tesitura algo incierta. La crisis económica lo ha puesto a prueba y los acontecimientos que puedan surgir para la moneda única hay que considerarlos como totalmente trascendentes para Europa y para su protagonismo económico internacional. Duele escucharlo, pero no deja de ser evidente: habría que fijar dos tipos distintos de euros: el "euro del Norte" para los países más potentes y el "euro del Sur" para los que tienen problemas de déficit y endeudamiento público. Naturalmente el del Norte tendría un tipo de cambio de mayor valor.

Pueden imaginarse, estimados oyentes, en cuál estaría España. Sería como volver a "la Europa de dos velocidades" de la que se hablaba a finales del siglo pasado y de la que nuestro país tanto le costó salir.

Mientras esto ocurre en la economía europea, en la tribuna del Congreso se nos seguirá intentando vender humo e incluso algún grupo minoritario estará dispuesto a besar al causante del desaguisado a nivel nacional a cambio de una última partida extraordinaria, aunque ésta contenga más telarañas que papel moneda o se fíe al incremento de imagen (y por tanto, de dinero) por la obtención del Campeonato Mundial de fútbol. Claro que siempre les quedará el maltratado ciudadano sobre el que dar una nueva vuelta de tuerca a su maltrecha economía familiar.

 

Buenos días.

Carlos Abreu    (laseretadetilo@gmail.com)

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Publicado el 14 Jul 2010 por Redaccion
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