LA SERETA DE TILO

LA SERETA DE TILO                                                  12/JUL/2010

 

Buenos días oyentes de esRadio Pulso Tenerife,

 

Hace escasas fechas la hija de una amiga infringió alguna norma de tráfico con su «scooter». Una infracción menor. Sin embargo, una patrulla de la policía local de cierto municipio madrileño le dio el alto y le pidió los papeles. "¡Oh, Dios mío –pensó ella–, los dejé en casa al lavar la moto!". Y se le ocurrió darle al policía los únicos que tenía. "Señor agente –le dijo– no tengo aquí los otros, pero le doy estos nuevos para que no me multe, que son los que me obsesionan y hacen que me olvide de todo". Y le entregó los del paro, frescos, recién salidos de una oficina del INEM, de donde venía. El policía la miró, hubo un minuto de tenso silencio en el que quizás pensó que aquella joven podía ser su hija y que multar a un parado reciente era abominable y, por fin, le dijo: "Bueno, no lo haga más, pero lleve mañana los papeles de la moto a nuestras oficinas si no quiere que la multemos de verdad".

El mundial de fútbol, donde, por cierto, se da por vez primera el fenómeno de la recuperación visual de la bandera española antes proscrita por una funesta asociación con el pasado franquista, supone una especie de prórroga, de posposición, de despiste temporal de una situación dramática, creciente y socialmente peligrosa que vemos cada día a nuestro alrededor, entre nuestros amigos, entrando ya en nuestras propias familias: el paro. Ya notas que, lo que se ocultaba bajo la alfombra, va saliendo hacia fuera, como cuando la sacuden. En algunas ciudades españolas, todos los viernes, a las siete y media de la tarde, hay una concentración. Llevan ya tres o cuatro viernes. Son concentraciones unitarias, ciudadanas y silenciosas; sin la firma de ningún partido, ni sindicato y con un único lema que cuelgan en forma de pancarta de su pecho: Yo … (trabajador, autónomo, parado ….) digo Sí a la Huelga General". Yo soy de los que no cree que la Huelga General sirva para mucho, a no ser que hiciera tambalear el modelo económico. Pero estas personas, cuya única diferencia con el resto (trágica diferencia) es no disponer de un trabajo que dignifique su vida, piensan que es fundamental que sea el ciudadano quien tome la iniciativa. Que el plan de ajuste diseñado por los grandes capitales mundiales tiene como prioridades abrir las puertas a la privatización, reformar las pensiones, aumentar los años para calcular su cuantía, recortar los subsidios de desempleo, iniciar los recortes de la sanidad con el copago, etc., etc...

Cuando cada día me enfrento a mi comentario acuden a mi mente sentimientos encontrados. Pienso si es ético hacerlo con temas lúdicos, de evasión, o por el contrario, si debo hacerlo enfrentándome a la realidad cuando hay tanto drama que denunciar en el entorno. Al final, casi siempre decido escribir algo que resulte leve, relajante, que provoque una sonrisa (aunque deba acudir al uso del doble lenguaje) porque de asustar ya se encargan por sí mismos los titulares de los periódicos. Pero este tema que hoy abordo, habiéndome encontrado hace días a este grupo de parados y, observando su pesado silencio, ha visto en sus ojos a su vecino, a su padre, a su hermano, a su hijo, a sí mismo: cada uno de ellos o de nosotros podría estar ahí mañana, en el otro lado, en esa sima del paro sin aparente salida que destroza familias, ilusiones, esperanzas de vivir simplemente una vida digna. Y no referirse a ello, siquiera una vez desde estas líneas que a uno le confían, se siente como una traición al ser humano.

¿Habrá algo más en este país que parados? El modelo social y laboral europeo del Estado del Bienestar se enfrentaba hasta hace poco al americano y exhibía ante él su mayor dignidad y respeto por los derechos de los ciudadanos. Con la crisis, se ha agravado la implantación progresiva del sistema americano en Europa y España. Una economía que se jactaba de ser una gigantesca maquinaria de creación de empleo aunque, a cambio, con una disminución del precio de la fuerza de trabajo.

 

Ya no hay aquel ejército de reserva que predicó Marx, y por ello los salarios han bajado y los empleos que se crean son de mucha menor calidad que los destruidos, generalizándose los trabajos basura. El empleo sólo se garantiza a cambio de salarios bajos y condiciones muy flexibles. Baja el Estado providencia, aumenta el Estado caritativo, asciende el Estado penal para reprimir a quienes disienten, ésos cada vez más bajo la alfombra, en los aparcaderos de la sociedad. Eso es también el modelo americano. El que viene. Y cada vez son más quienes responden, aunque si los gobiernos de los estados que lo practican cada vez se desvinculan más de los aspectos sociales, la revuelta parece estar servida. Suele ocurrir cuando por un puñado de votos se prometen cotas inalcanzables.

 

Buenos días (y hoy suenan mejor que nunca porque somos Campeones del Mundo de algo que no nos hace avergonzar).

Carlos Abreu   (laseretadetilo@gmail.com)

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Publicado el 12 Jul 2010 por Redaccion
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